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La OCU advierte, el pescado fresco envasado puede costar un 30% más que en la pescadería

Pescado, pollo o ternera limpios, fileteados y listos para consumir. A priori, son un buen producto; el problema viene cuando el precio se dispara.

Cada vez tenemos menos tiempo. Las prisas del día a día hacen que, en ocasiones, se vuelva complicado incluso hacer la compra. En medio de esta vorágine ha surgido un nuevo formato, cada vez más presente en los lineales de los supermercados: los productos frescos envasados.

Son lo que se ha dado en llamar buenos procesados. A priori, no tienen ninguna sustancia añadida y están listos para consumir. Pechuga de pollo fileteada, tacos de ternera preparados para echar en la olla o pescado sin espinas y perfectamente limpio para ponerlo en la plancha sin darle más vueltas. ¿Cómodo? Sin duda. ¿Caro? También.

La OCU habla de un incremento del 30%

No lo decimos nosotros, lo dice la OCU. La Organización de Consumidores y Usuarios ha echado números y la advertencia es clara: la compra de pescado fresco envasado y fileteado tiene un sobrecoste del 30% respecto a si se adquiere directamente en la pescadería del mismo supermercado.

El estudio se centra concretamente en la dorada, la lubina, la merluza y el salmón. La OCU lo ha comprobado en diez cadenas de supermercados y los resultados han sido, cuando menos, significativos.

Nosotros hemos querido hacer la prueba también. Hemos cogido la cartera y nos hemos ido al súper, a una conocida cadena de nuestro país. Hemos comprado dorada en ambas versiones. Por un lado, una dorada en lomos, sin espinas, envasada en la típica bandeja de plástico. La hemos cogido en la zona de nevera. Por otro, una dorada en la pescadería. Nos la han limpiado, pero sin quitarle las espinas. La envasada nos ha salido a 22 euros el kilo; la de la pescadería, a 9,50. Es decir, más del doble.

Al preguntar a los consumidores, a muchos les hemos dado un buen disgusto. “Sabía que era más cara, pero no tanto”, nos dice un joven. “Yo ya no lo compro porque sí, es muy cómodo, pero lo pagas bien”, explica una señora más conocedora de la situación.

La mayoría alude a la comodidad de este tipo de formatos, aunque todos coinciden en que la diferencia es demasiado grande. “Nosotros vamos con calma y no nos hace falta”, nos cuenta un señor que sale de hacer la compra con su mujer. “Ya estamos jubilados y no tenemos problema, pero nuestros hijos, por ejemplo, muchas veces no tienen ni tiempo de hacer la compra”, asegura.

"Si a un pescado le quitas la cabeza, no sabes si es fresco o no"

Aun así, la mayoría se muestra reacia: prefieren la pescadería o incluso el mercado. Nos acercamos al Mercado de Abastos de Pontevedra y hablamos con Santi Cachadas, pescadero de toda la vida: “El problema del pescado envasado es que no se puede ver la frescura. Si a un pescado le quitas la cabeza, no puedes saber cómo de fresco es”, nos dice. Y va más allá: “Para los supermercados es muy cómodo porque aguanta más días en la bandeja y tienen más margen para venderlo, pero no es lo mismo”.

La explicación de Santi coincide, de hecho, con lo que dice la OCU, que asegura que es un modelo “que se presenta como una mejora en eficiencia, gestión del espacio y organización del personal”, pero que, a su juicio, supone una transformación “profunda” de la relación entre el consumidor y uno de los alimentos “básicos” de la dieta.

Por no hablar de los plásticos que se generan con esta modalidad. Plásticos de un solo uso con un alto potencial contaminante, lo que se contrapone radicalmente con la tendencia hacia la que camina Europa: la reducción de estos materiales.

“Es que hay que pensar en todo”, nos dice una chica también en el mercado. “La cantidad de residuos que se generan es muy alta”.

Dicen que es el futuro y que acabará por sustituir a las pescaderías. Por el momento, en Galicia, parece bastante difícil.

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