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NARANJAS MUNICIPALES

Naranjas amargas de Sevilla: cuando el amargor se convierte en sabor y aroma

Las naranjas amargas de Sevilla no se comen, pero tampoco se tiran. Adornan las calles y se convierten en dulce mermelada en Reino Unido

Por algo Sevilla huele a azahar. Basta con pasear por sus calles para entender que los naranjos no son solo árboles: son parte de la identidad de la ciudad. Están en plazas, avenidas, patios y parques, marcando el paisaje urbano y también el calendario emocional de los sevillanos. Así que no es casualidad que la capital hispalense sea la ciudad con más naranjos del mundo, con cerca de 50.000 ejemplares repartidos por todo su término municipal.

Siete millones de kilos de naranja amarga al año

Cada año, estos árboles producen más de siete millones de kilos de naranja amarga. Un fruto que no está pensado para el consumo directo y que, cuando cae al suelo, debe recogerse por motivos de limpieza y seguridad.

Además, estas naranjas no se pueden comer. Su intenso sabor amargo y el hecho de crecer en un entorno urbano hacen que su piel absorba gases y contaminantes. Lejos de desperdiciarse, Sevilla ha sabido convertir estas naranjas en un ejemplo de aprovechamiento.

Seville orange marmalade

Uno de sus usos más conocidos es la elaboración de la famosa mermelada de naranja amarga, especialmente apreciada en el Reino Unido. Desde principios del siglo XX, parte de la cosecha sevillana se envía cada año a la Casa Real británica para preparar la tradicional Seville orange marmalade, una mermelada histórica que fue la favorita de la reina Isabel II y que sigue vinculando a Sevilla con la gastronomía británica.

Pero este no es su único destino. Las naranjas amargas sevillanas también se utilizan en la industria de bebidas, formando parte de recetas de ginebras y licores de proyección internacional. Su aroma intenso las convierte, además, en un ingrediente clave para la cosmética y la perfumería, donde se emplean para elaborar cremas, aceites esenciales y fragancias, una tradición que se remonta a la Edad Media.

También se usan para producir biogás

En los últimos años, estos frutos han encontrado incluso un uso energético. Desde 2020, la empresa metropolitana de aguas, Emasesa, aprovecha las naranjas para producir biogás. Tras exprimirlas de forma industrial, el zumo se somete a un proceso de digestión que genera metano y permite producir electricidad.Cada mil kilos de naranja generan energía suficiente para abastecer a cinco viviendas durante un día.

Su uso más novedoso es el gastronómico. Un sabor sorprendente, a medio camino entre el dulce y el amargo, que ha despertado el interés de cocineros y reposteros. La naranja amarga aporta carácter, aroma y un punto cítrico muy reconocible, capaz de realzar carnes, salsas, postres y bebidas. Un ingrediente que durante años estuvo relegado a la mermelada tradicional y que hoy vuelve a los fogones como símbolo de cocina creativa y de aprovechamiento del producto local.

Así, lo que empieza cayendo de un naranjo sevillano acaba convertido en mermelada, perfume o energía. Una segunda vida para un fruto que demuestra que, en Sevilla, tradición, sostenibilidad y belleza pueden ir de la mano.

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