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SUBIDA PRECIOS

Más caro producir, más caro comprar: la subida de precios del tomate llega a la mesa

La subida no llega sola. Detrás están los fertilizantes, el combustible, el transporte y los costes energéticos, que han ido encareciendo toda la cadena. El resultado es un producto más caro desde el campo hasta la tienda.

El tomate sigue siendo uno de esos productos que nunca falta en casa. Está en las ensaladas, en los sofritos, en el desayuno o acompañando cualquier comida. Un alimento básico en cualquier cocina que, sin embargo, se ha convertido también en uno de los ejemplos más claros de cómo la subida de precios se ha instalado en la cesta de la compra. En los últimos años, su coste no ha dejado de aumentar, tanto para el consumidor como para toda la cadena de producción.

Según datos del sector, el precio del tomate en origen ha subido un 72,7% en las últimas veinte campañas, mientras que el consumidor paga ya un 104,5% más que hace dos décadas. En la campaña 2005/2006 el agricultor cobraba unos 55 céntimos por kilo; ahora ronda los 95 céntimos. Mientras, el consumidor ha pasado de pagar 1,11 euros por kilo a más de 2,27 euros de media.

La situación se percibe directamente en los mercados y fruterías. Muchos clientes miran ahora más las etiquetas, comparan precios y reducen cantidades. "Antes llenabas una bolsa sin pensar tanto, ahora compras lo justo", comentan algunos consumidores a Antena 3 Noticias. Otros, reconocen que han dejado de llevar ciertas variedades porque "se han puesto imposibles".

Los fruteros también notan ese cambio de comportamiento. Explican que la gente sigue comprando tomate porque es un básico en cualquier cocina, pero se lleva menos cantidad y busca más ofertas. Algunas variedades gourmet o especiales han llegado incluso a superar los cuatro euros el kilo en determinados momentos, sobre todo por la menor oferta y el aumento de costes en toda la cadena.

Y es precisamente ahí donde agricultores y comerciantes ponen el foco: fertilizantes más caros, combustible disparado, aumento del transporte y costes energéticos cada vez más altos. Una suma de gastos que termina repercutiendo directamente en un producto que depende del campo y de una logística diaria para llegar fresco al consumidor.

A esto se añade además el contexto internacional. La tensión geopolítica en Oriente Medio y el encarecimiento de la energía y los carburantes han acelerado aún más la subida de precios en toda la cadena alimentaria. El tomate, ha pasado en algunos momentos de poco más de un euro el kilo a superar los 2,60, e incluso los cuatro euros en determinadas variedades gourmet o en periodos con menor oferta.

Agricultores como Juan Carlos Parejo, conocido como "Carlos Zurrapa", llevan tiempo advirtiendo de esta situación. Productor de varias variedades de tomate en Los Palacios, Sevilla, explica que cada campaña resulta más cara de sacar adelante. Algunas variedades requieren más cuidados, más selección y más inversión, algo que termina repercutiendo también en el precio final.

Mientras tanto, la preocupación sigue creciendo entre los consumidores. Porque el tomate continúa siendo imprescindible en la mayoría de hogares, pero cada subida obliga a mirar un poco más el bolsillo antes de pasar por caja.

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