PRECIOS
La subida de la energía y los fertilizantes dispara los costes de producción mientras los expertos advierten de que los alimentos podrían convertirse en el próximo gran foco inflacionista en Europa
La inflación está golpeando con fuerza a la energía, pero los expertos advierten de que el problema podría extenderse en los próximos meses al conjunto de bienes y servicios. Entre ellos, los alimentos, que amenazan con convertirse en una de las principales preocupaciones para las familias.
Las previsiones apuntan a que la inflación energética podría alcanzar el 12,5% durante el verano. Sin embargo, el impacto no se quedará ahí. Los analistas prevén que la inflación alimentaria, que actualmente ronda el 2,4%, pueda superar el 3,5% antes de que termine el año, encareciendo aún más la cesta de la compra.
Se trata de un nuevo golpe para la economía doméstica en un momento en el que millones de hogares ya afrontan un aumento generalizado de los gastos cotidianos.
La situación resulta especialmente complicada para agricultores y ganaderos, que soportan una fuerte escalada de costes desde el inicio del conflicto.
Jesús, agricultor de cereal de secano y secretario general de UPA Madrid está a punto de cosechar su cebada, pero reconoce que la campaña está siendo difícil. Calcula pérdidas de entre 100 y 150 euros por hectárea debido al encarecimiento de los insumos necesarios para producir.
Uno de los mayores problemas es el precio de los fertilizantes. Según explica, "en febrero la tonelada de urea, uno de los productos más utilizados en el campo y que se extrae del petróleo, costaba unos 460 euros. Ahora su precio se ha duplicado se sitúa entre los 850 y los 900 euros por tonelada".
Los fertilizantes representan ya más del 30% de los costes de producción. Ante esta situación, muchos agricultores han optado por reducir su uso, una decisión que tiene consecuencias directas sobre las cosechas. "Lo que estamos haciendo muchos agricultores es dejar de fertilizar, lo que conlleva que la producción sea mucho menor", explica.
A ello se suma que el precio de los cereales ha aumentado alrededor de un 6% en los últimos meses, mientras que los productores denuncian que continúan percibiendo precios similares a los de hace décadas.
Las explotaciones ganaderas tampoco escapan a esta crisis. Natalia propietaria de una ganadería bovina en extensivo en la sierra madrileña de Guadarrama reconoce que el pastoreo ayuda a contener parte de los gastos, pero asegura que las cuentas siguen sin salir. "De pararse a hacer números a lo mejor terminaríamos cerrando", dice.
"La paja, el forraje o los piensos han subido muchísimo. Todo eso nos repercute directamente", explica. El resultado es que el incremento de costes termina trasladándose al precio final de la carne que paga el consumidor.
El sector advierte de que cada vez es más difícil mantener la rentabilidad y teme que muchas explotaciones no puedan resistir durante mucho más tiempo.
Según las organizaciones agrarias, agricultores y ganaderos están pagando conjuntamente 41 millones de euros más cada semana para producir desde que comenzó el conflicto, una presión que amenaza con seguir alimentando la escalada de precios en los supermercados.
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