Cesta de la compra
España desperdicia más de 1.000 millones de kilos de alimentos al año
El aprovechamiento de las sobras, la planificación de las comidas y una compra ajustada a las necesidades del hogar son algunas de las medidas que permiten reducir la cantidad de comida que acaba en la basura
Cada año, millones de kilos de alimentos terminan en la basura en España. En 2025, el desperdicio alimentario alcanzó 1.130 millones de kilos, según los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Esta cifra vuelve a poner el foco en los hábitos de consumo y en la importancia de aprovechar mejor los productos que se compran. Los expertos aseguran que la prevención de este problema pasa por revisar tanto la forma de hacer la compra como la organización de las comidas diarias.
En la calle, la mayoría reconoce no aprovechar la comida que han preparado todo lo posible o cuentan que el hecho de tirar alguna fruta o verdura estropeada forma parte de la rutina de muchas familias. Esta problemática también se traslada a los restaurantes, donde en muchas ocasiones, se pide más comida de la que se consume. "Basta con fijarse en las mesas al terminar el servicio. Hay platos que todavía contienen alimentos y que el camarero acaba retirando sin que nadie los haya aprovechado por completo".
Claves para no desperdiciar comida
María Alonso, miembro del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de la Comunidad Valenciana, explica algunas de las medidas que ayudan a evitar que los alimentos acaben en la basura. Por ejemplo, aprovechar las sobras de días anteriores, preparar una lista antes de ir al supermercado o calcular las cantidades necesarias para cada comida.
También resulta útil revisar qué productos hay en la nevera y la despensa antes de comprar, con el objetivo de darles salida antes de que se estropeen o alcancen su fecha de caducidad.
La planificación de los menús permite, además, organizar las comidas con antelación, ajustar las compras al consumo real de cada uno y reducir las posibilidades de adquirir productos que finalmente no se utilizarán.
Más allá del ahorro económico que suponen estas prácticas, reducir el desperdicio contribuye a hacer un uso también más eficiente de los recursos empleados en su producción, transporte y conservación. Es decir, los profesionales ponen de manifiesto el impacto perjudicial que tiene esta realidad también en el ámbito social y ambiental.
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El reto consiste, por tanto, en trasladar la concienciación sobre el desperdicio alimentario a pequeños cambios cotidianos que permitan comprar de forma más ajustada, conservar correctamente los productos y sacar partido a la comida antes de desecharla.