SUPERMERCADO
El estudio revela que en todo el continente triunfan los productos locales, los de marca y los gourmet.
Un estudio liderado por la empresa Española STC, en colaboración con empresas de toda Europa, ha revelado cuáles son los productos más robados en los supermercados. En nuestro país, ese primer puesto lo ocupan las bebidas alcohólicas. Pero no somos los únicos; estas bebidas ocupan el top cinco en prácticamente todos los países, y de ellos, lo tienen en primera posición Italia, Alemania, Irlanda o Bélgica.
Los resultados arrojan que la mayoría del robo se comete para su posterior reventa y es por esto que los productos robados son casi siempre de alto valor, de marcas reconocidas o son productos gourmet. Según las empresas encuestadas, apenas se roba harina, pasta seca o alimentos sencillos, sino que el hurto suele ser marquista lo que sugiere que el conocido como 'hurto famélico' (hurto por hambre) es prácticamente inexistente.
Otro factor a tener en cuenta es que el hurto responde directamente a los gustos y costumbres de cada país. En nuestro país, por ejemplo, los artículos más sustraídos son el jamón ibérico y el aceite de oliva, ambos productos apenas tienen incidencia en otros lugares.
En contraste, en Bélgica y Finlandia, la cerveza destaca como una prioridad de robo inusual frente al predominio del vino y las bebidas espirituosas que se observa en otras regiones. En Alemania destaca el hurto de los productos de panadería y bollería.
Por su parte, en el Reino Unido, las chocolatinas y los dulces reciben una atención desproporcionada por parte de los ladrones. También existen similitudes, y una de ellas es que, en los Países Bajos y Francia, el producto más robado es el café, sumado al dato curioso de que, en ambas naciones, la carne también se encuentra entre los tres principales artículos más hurtados.
La mayoría de los robos se producen en las cajas de autopago, la zona de mayor vulnerabilidad para los comercios. Esto sucede en muchas ocasiones por los escaneos sin supervisión, la tolerancia en las básculas y la prisa por agilizar el cobro, todo esto crea el escenario perfecto para el robo inadvertido. A esto se suman otras áreas de riesgo, como pasillos con puntos ciegos o cajas tradicionales cerradas, usadas como vías de escape rápido con carritos llenos.
El sector minorista se enfrenta así al dilema del autoservicio: aporta comodidad y reduce costes laborales, pero dispara la exposición a las mermas. Frenar esta tendencia exige inversión en tecnología, que afortunadamente año a año va mejorando. De hecho, las empresas que ya están implementando soluciones como cajas protectoras de policarbonato y collarines de seguridad para botellas, notan una reducción del hurto de forma importante.
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