Infraestructuras críticas
La tragedia de Adamuz ha destapado un problema estructural: España invierte cada vez menos en el mantenimiento de sus grandes infraestructuras. Ferrocarril, carreteras y presas envejecen mientras crecen los riesgos para la población.
El accidente ferroviario de Adamuz, con 46 víctimas mortales, ha vuelto a poner el foco en una realidad que los expertos llevan años advirtiendo: el grave déficit de mantenimiento de las grandes infraestructuras en España. Una situación que afecta al ferrocarril, a las carreteras y, de forma especialmente preocupante, a las presas. "Esto pasa como con los coches y como en todos los lados: si no mantienes, las cosas no son eternas y fallan", resumen Jesús Contreras, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y vocal de la Asociación de Caminos. Y añade una advertencia directa: "si este debate se hubiera abierto hace tres o cuatro años, cuando comenzaron las primeras alertas, quizá hoy no estaríamos hablando de decenas de muertos ni del daño que estos episodios provocan a la marca España".
En el ferrocarril, los datos reflejan con claridad el problema. En 2016, España destinó 738 millones de euros al mantenimiento de una red de 2.900 kilómetros de Alta Velocidad utilizada por 20 millones de pasajeros. Diez años después, en 2026, el gasto habajado a 693 millones, pese a que la red ha crecido hasta los 4.000 kilómetros y el número de usuarios se ha duplicado, alcanzando los 40 millones de pasajeros. Más trenes, más viajeros y menos inversión. La situación no es mejor en las carreteras. Los expertos calculan que sería necesario invertir cada año un 2% de su valor patrimonial, estimado en unos 100.000 millones de euros. Es decir, alrededor de 2.000 millones anuales solo para conservarlas en condiciones adecuadas. Sin embargo, el gasto real se ha quedado en torno a los 800 millones, menos de la mitad de lo recomendado.
La preocupación es máxima es en las presas. Según los ingenieros, España debería destinar entre 500 y 600 millones de euros al año a su conservación. En los últimos presupuestos apenas se han consignado 16 millones. "No sabemos realmente cómo están", alertan. España es el quinto país del mundo con más presas: cuenta con unas 1.300 grandes presas, con una edad media cercana a los 60 años. Muchas están en manos de ayuntamientos, diputaciones o empresas privadas, lo que dificulta el control de su estado real. De las 375 presas de titularidad estatal, en 160 no están operativos los desagües de fondo o solo funciona uno de los dos, lo que incrementa de forma notable el riesgo ante una gran avenida.
Los expertos advierten de que entre 120 y 130 presas presentan problemas estructurales, algunos muy serios. El 40% están catalogadas como de categoría A: su rotura afectaría gravemente a núcleos urbanos. "Estaríamos hablando de cientos o miles de víctimas", señala Contreras.El caso de la presa de Forata, en Valencia, es paradigmático. Resistió durante la DANA, pero no cuenta con un plan de contingencia más de un año después de la tragedia. Y eso que desde 1994, todas las presas están obligados a tenerlo y a implementarlo. De haber reventado la presa, habría generado una lámina de agua de siete metros y velocidades de cinco metros por segundo, capazde arrasar todo a su paso.
Los ingenieros reclaman ser escuchados y piden la creación de un órgano independiente que garantice la seguridad de las presas, similar al Consejo de Seguridad Nuclear. Su mensaje a los políticos es directo: tomarse muy en serio la seguridad de unas infraestructuras de las que dependen más de dos millones de personas que viven aguas abajo. Hoy, el 80% de las presas del Estado no tiene implantado un plan de emergencia.Como resume Jesús Contreras, "el mantenimiento no da votos como las inauguraciones". Pero el abandono, a veces, cuesta vidas.
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