Verdeliss
Quienes caminaban por esta céntrica calle de Madrid dudaban de lo que estaban viendo. Dentro de un escaparate, bajo luces blancas y miradas incrédulas, una mujer corría sin parar en una cinta: la influencer Verdeliss.
No era una instalación artística ni una performance futurista. "Estoy alucinada, parece IA, un robot", decía una joven con el móvil en alto, grabando la escena. Pero no había inteligencia artificial. Había resistencia. Y mucha.
La protagonista era Estefanía Unzu Ripoll, más conocida como Verdeliss, una influencer, empresaria y madre de ocho hijos, que se había propuesto completar 24 horas seguidas corriendo en una cinta instalada en el escaparate de una tienda en Madrid.
Durante el día, la escena se convirtió en un imán. Oficinistas en la pausa del café, curiosos que pasaban por allí, seguidores que habían leído la convocatoria en redes... Por la noche: la ciudad dormía, pero ella seguía corriendo.
"He salido del trabajo y me he pasado a verla. Lo raro es que no le dé sueño, no le dé hambre… pero la veo genial", comentaba otra espectadora. Los mensajes de ánimo no han cesado. Algunos han escrito pósits que pegaban en el cristal: "Ánimo, eres una campeona", era el mensaje de un niño.
Desde dentro, Verdeliss respondía con un corazón dibujado con los dedos. También hubo quien acudió en representación familiar: "Es mi hermana y desde Melilla no ha podido venir y me ha mandado a mí", explicaba una mujer emocionada sujetando el móvil con una videollamada con su hermana.
Entre los asistentes, una reflexión se repetía: "Tiene muchísimo mérito. Siendo madre y empresaria, ¿cómo saca tiempo para hacer deporte?". Verdeliss reconocería después de completar el 'Reto 24h running con Verdeliss' que a partir de la hora 12 empezó el verdadero sufrimiento. "La veo en el final de la cinta, como que se va a caer… pero ya con lo que le queda, 50 minutos, lo va a aguantar", decía otra joven cuando la cuenta atrás ya estaba en marcha. Y lo aguantó.
Al terminar, tras 24 horas ininterrumpidas,el marcador se detuvo en 254,5 kilómetros. Se abrazó a su marido. Se emocionó. Necesitó ayuda para caminar y salir a dar las gracias a todo el público que la había animado en las últimas horas:
"No he tenido sueño. Los camiones de la basura me saludaban. Lo más duro fue el bucle a partir de la hora 12, ver súper lejos el final y tener que batallar mucho con el dolor de piernas. Pero yo me mentalizaba: hay dolor, pero he parido sin epidural, esto no es nada para mí. Y me va a encantar enseñárselo a mis hijos cuando me haga viejita. Pero ya no repito…", reconocía Estefanía Unzu Ripoll, más conocida como Verdelis.
Lo dice sonriendo. Y cuesta creerlo. Porque si algo quedó claro en ese escaparate convertido en pista infinita es que, cuando una meta se le mete entre ceja y ceja, Verdeliss no negocia. Este reto no lo repetirá. Pero conociéndola, probablemente ya esté pensando en el siguiente.
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