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Retos extremos

Sam Hurley juega con fuego: salta con pértiga sobre un listón a más de 1.000 ºC

El atleta e influencer lleva el atletismo al terreno del riesgo extremo al franquear un listón suspendido a varios metros y ardiendo.

Empuñar una pértiga a 30 km/h para catapultarse al vacío ya sitúa al cuerpo humano en el límite de la física y la coordinación. Sin embargo, para Sam Hurley el reto convencional sabía a poco. El pertiguista ha decidido duplicar la apuesta transformando un foso de atletismo en un auténtico infierno controlado: saltar con fuego y sobre el fuego.

Un ensayo milimétrico entre llamas y gel ignífugo

La preparación previa dejó patente la tensión de una maniobra donde el margen de error era cero. "Estoy listo para el test, puede estar bien", arrancaba Hurley antes de iniciar el protocolo de seguridad. El equipo técnico no escatimó precauciones: ropa térmica especial y capas generosas de gel ignífugo sobre la piel. Aunque la gran preocupación del saltador estaba en su cabeza: "¿Y qué hay de mi pelo? ¿Se me quemará el pelo?". La respuesta del equipo fue tan práctica como contundente: cubrirle la melena con gel ignífugo aplicado a modo de gomina protectora.

El proceso de aclimatación fue progresivo: primeros ensayó con llamaradas en el pasillo de aceleración, después se encendió fuego activo en los postes laterales que sostienen el listón y también se expuso directamente a las llamas para que se familiarizase con la radiación térmica. La adrenalina le pasó factura antes del intento definitivo. "Tengo la mano empapada en sudor, no puedo ni agarrar la pértiga", confesaba el atleta, consciente de que un resbalón en el agarre a esa velocidad podía resultar fatal.

[[h2:El salto: acero a más de 1.000 °C]]

El obstáculo final no era un listón de fibra de vidrio convencional, sino una barra de acero ardiendo a más de 1.000 grados centígrados. Llegado el momento cumbre, la concentración se impuso a las dudas: "Nací para esto, así que ¡vamos allá!".

Con una carrera precisa, zancada larga, talonamiento exacto y la pértiga flexionada al límite de su resistencia elástica, Hurley se elevó varios metros por encima del suelo. En décimas de segundo, su cuerpo superó la barra incandescente antes de caer a salvo sobre la colchoneta.

"Ha sido una locura. Ha sido uno de los momentos más brutales de mi vida. Sigo temblando... y sigo teniendo el pelo en la cabeza, sin quemarse.", confesó Sam Hurley tras conseguir el reto. Un nuevo desafío extremo completado donde el atleta no solo desafió a la gravedad, sino que salió ileso tras jugar, literalmente, con fuego.

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