Real Madrid 4-0 Eibar

El Madrid domina la calma antes de la tempestad

Nada reconforta más que a uno le digan lo bueno, bonito e inteligente que es, sobre todo si quienes abren fuego con los piropos son los de la trinchera de enfrente, los encargados de rivalizar por aparentar ser todo eso. Desde el principio, el Eibar desenrolló la alfombra roja hacia el gol y a los de Zidane, marcados por las rotaciones, no les quedó más remedio que lucirse antes del doble o nada del martes.

Por @MarioCortegana

No hubo ni un ser que no acudiese al Bernabéu a poner su granito de arena para llevar el petate cargado de optimismo y confianza en la exigida remontada europea. Desde la afición o los jugadores blancos, hasta la plantilla del Eibar. Mendilibar se empeñó en colaborar haciendo del apellido de su portero la seña de identidad de su equipo: hay corsés que no ponen tan arriba los pechos como el entrenador las líneas. Con lo peligroso que es.

Suicidado el Eibar, sólo le quedaba al Madrid enfrentarse a sí mismo, experimentar consigo en un ejercicio de imaginación: olvidar la tibieza rival y pensar en exigirse lo mejor porque el martes la muralla será más alta, ancha y compacta. En el 4', James inició la reconciliación con su conciencia y con la afición metiendo una falta desde la frontal en la que destiló una sencillez más propia de un penalti: 1-0.

El Eibar siguió sin hacerse ver oponente, se diría que ni ellos apostaban por sí mismos, así que el Madrid siguió lanzándose hacia la goleada, ensayando para la hora de la verdad. A un buen pase de Isco a Cristiano le siguió un recorte y una asistencia de gol del portugués a Lucas: 2-0 en el 18'. Un par de toques después, Cristiano se apuntó el 3-0, y son ya seis los años que alcanza los 30 goles en LaLiga. El '7' viene creciendo en compañerismo a cada partido, no sólo por lo cuantitativo de su cuentakilómetros, sino también por lo cualitativo de sus pases: de su décima asistencia liguera llegó el gol de Jesé en el 39'. Tras el 4-0, aún quedó tiempo en la primera mitad para que se luciese Casilla ante un remate de Pantic.

Los de Zidane dedicaron la segunda parte a no lesionarse y al cuidadoso descenso de revoluciones que no se podrán permitir contra el Wolfsburgo. Tanto levantaron el pie que el Eibar, de no ser por otra gran intervención de Casilla, hubiera podido hacer el de la honra en el 48'. Respondió a continuación Cristiano, asistido por Lucas y parado por Riesgo. Ambas jugadas resumieron lo que fue el segundo periodo: si al Eibar le daba por ponerse algo más revoltoso, el Madrid amenazaba con la manita. Las más claras las tuvieron Cristiano, errático en el área pequeña, y Bastón con un cabezazo facilón que echó al larguero a 11 del final.

El partido también dio para que Mayoral tuviese minutos de nuevo y Danilo fuese pitado, mientras Arbeloa y Casilla volvían a disfrutar, Lucas Vázquez seguía ganando enteros de todo e Isco, al contrario que un James aceptable, confirmaba que no está por la labor de reivindicarse.

La naturaleza, la del Madrid, la de su competición fetiche y la de su rival, dice que el martes habrá remontada. También la de la madre Tierra, porque, ya saben, antes de llover chispea: después de arrollar al Eibar, le toca a los blancos desatar la tormenta perfecta contra el Wolfsburgo. Sobran los motivos, ya sea para confiar o para dudar. Y, con todo, mal haría el Madrid en vender la piel del lobo antes de cazarla.

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