Real Madrid 0-1 Atlético de Madrid

El Atleti da el golpe en el Bernabéu

Una vez más, el derbi fue una de esas tortitas de maíz que -según dicen- dan para saciar el hambre entre horas: huele mejor de lo que finalmente sabe. Porque un Madrid-Atleti siempre trae aroma de partido grande, abre el apetito de fútbol, incluso a sabiendas de lo rácano que es Simeone y lo verde que está Zidane. Pero el envite no fue precisamente para paladares exquisitos y será más recordado por otro batacazo blanco contra un Atleti que sabe lo que se hace.

@MarioCortegana

El partido se pareció a aquella secuencia ferrovial de El golpe (1973, 7 Oscars), a aquella timba de póquer en la que Paul Newman -Simeone- se hace pasar por borracho para desplumar al señoritingo Robert Shaw-Zidane-. Newman exhibe todo lo que ha de reunir una presa fácil a ojos de su rival: torpeza, vulnerabilidad, incluso cierta candidez. Y así planteó -y ya es costumbre- el derbi Simeone: se disfrazó de inferior y se metió atrás, tanto que el Madrid se creyó dominador, cocinero a fuego lento de una victoria balsámica. Fue en una primera parte en la que los dos equipos tuvieron algo en común: la seguridad de llevar mejor jugada que el otro. Pero el Atleti siempre tiene un AS en el banquillo, su propio Paul Newman: el Cholo.

Empezaron ganando los rojiblancos en la previa: los derbis, como las citas, requieren preparación. Porque hay goles que no consisten en meter una pelota entre tres palos y que cuentan casi igual: Simeone echó mano de su victimismo selectivo para hablar de presupuestos -no lo hace cuando enfrenta a un rival con menos billetes- y aliñar el partido con su picante, siempre indigesto para el madridismo.

Aun así, fue el Madrid el que disfrutó de las dos primeras ocasiones claras, con un cabezazo de Varane en una falta -18'- y un golpe franco de Cristiano que despejó Oblak, dejando un rechace que acabó con intentos de gol de James -taponó Godín- y Benzema -cruzó demasiado- en el 32'-. El Atleti se desencorsetó en el tramo final de la primera parte, adelantando líneas, preparando la ofensiva y avisando con un chutazo desde la frontal de Griezmann ante el que Keylor se lució -41'-.

El segundo fue un periodo de evidencias: que Keylor es un salvador, sea de victorias, empates, derrotas o resultados más sonrojantes. Que aunque el Danilo se vista de Marcelo, Danilo se queda porque el '12' le saca varias galaxias de fútbol. Que Kroos sólo tiene una marcha y no es para velocidades altas. Que en tiempos de trinchera, a falta de dinamita, al menos hay que presumir de valentía y orgullo, lo que puso por parte del Madrid la juventud de Mayoral al sustituir a Benzema en el descanso y la de Lucas y Jesé al sentar a James e Isco, de quienes es más difícil recordar entrega que un triunfo de España en Eurovisión. Y, sobre todo, que Cristiano, incluso intentándolo, no está, algo que se evidenció de primeras, cuando no aprovechó una buena ocasión delante de Oblak en el 48' que hubiera cambiado todo.

Pero no lo cambió y los derbis los matan y los reviven precisamente esos detalles, los de quien consigue ser la aguja y no la paja en el pajar. Como Griezmann al habilitar en el 53' en el área a Filipe, que hizo un movimiento que sirvió de desmarque y de señuelo: se llevó con él la atención de la defensa madridista, que pecó de pardilla, y asistió al francés: 0-1.

El Atleti pudo sentenciar en el 67', pero Keylor salió airoso de un mano a mano. Y, mientras el Bernabéu se revolvía contra Florentino, los jugadores, también pitados, intentaron maquillar su partido feo y sin solución. La tuvo Cristiano, que pareció un defensa cediendo de cabeza a Oblak solo en el área el 68', también Mayoral e incluso pudo haber derbi si Clos Gómez hubiera pitado un claro penalti a Danilo en el 75', pero no lo hizo por lo de la Liga peligrosamente preparada y tal.

El caso es que la liebre volvió a perder contra la tortuga, que se apuntó una victoria de fábula y le regaló al equipo de los tropecientos millones y colección de estrellas una moraleja que le ha llevado a perder sólo 1 de los nueve derbis tras Lisboa: si se cree y se trabaja, se puede.

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