SOPA DE AJO O NATILLAS CON LECHE DE ALMENDRAS
Son platos que tienen más de 200 años y que degustaban los padres de la patria, allá por 1812. Tiempos en los que el pan se convirtió en un lujo, donde estaba prohibido sacrificar terneras o vender tiburón. Les proponemos un viaje en el tiempo con mesa y mantel de por medio.
Eran tiempos de carretas, mulas y polvo, y los mesones eran lugares de descanso. Se bebía vino y de comer lo que hubiese en la despensa. En 1812 había poca carne y era vieja: estaba prohibido sacrificar terneras, un despilfarro cuando todavía podían crecer y reproducirse. Igual que el pollo. "Imagino que serían gallinas ya viejas que se comían cuando ya no podían poner huevos. Y se cocinaban durante toda una tarde", dice Ramón Dios, cocinero.
En aquella época en las tabernas de Madrid se hablaba de política y de los frescos que había pintado Goya en San Antonio de La Florida. El pan era un artículo de lujo: el kilo de trigo había pasado de poco más de un real a superar los 12. Por eso nunca se tiraba: el duro se aprovechaba para hacer sopa de ajo con jamón y chorizo. En lugar de agua, caldo. "Un caldo de cocido, de gallina, de carne. Siempre le dará más gusto", afirma Ángel Navales, cocinero.
La cocina de los palacios era más abundante: cardo, habas, escabeche de pargo, cabrito en salsa... "Comían de forma abundante. No tenían problemas con la línea", comenta Sandro di Marco, cocinero.
La Ribeira Sacra de Galicia podría convertirse esta semana en Patrimonio Mundial de la Unesco
La decisión de este organismo internacional se conocerá, previsiblemente, el próximo lunes 27 de julio, en una reunión del Comité de Patrimonio Mundial que se está celebrando durante toda esta semana en Corea del Sur.