Marte
El desierto de Tabernas, en Almería, prueba con éxito el rover europeo que buscará vida en Marte
Este prototipo permite a la Agencia Espacial Europea preparar la misión ExoMars prevista para 2030.
El paisaje que un día sirvió de escenario para las aventuras de Indiana Jones se ha convertido ahora en un improvisado laboratorio espacial. El desierto de Tabernas, en Almería, ha acogido durante las últimas semanas una serie de pruebas clave para preparar una de las misiones europeas más ambiciosas hacia Marte: la que llevará al planeta rojo al rover Rosalind Franklin.
Sobre el terreno ha trabajado ‘Charlie’, un prototipo desarrollado por la Agencia Espacial Europea, Airbus y otros socios europeos que reproduce buena parte de las características y el comportamiento del vehículo que viajará a Marte. Sus seis ruedas independientes y su sistema de navegación autónoma han permitido recrear en Almería algunas de las condiciones que el futuro rover deberá afrontar a millones de kilómetros de la Tierra.
La elección de Tabernas no es casual. La combinación de polvo, piedras, desniveles y determinadas características geológicas del terreno ofrece unas condiciones especialmente útiles para poner a prueba la tecnología que se utilizará en la superficie marciana señala Vincent Schaeffer, Ingeniero de Airbus Defence and Space.
Un ensayo de Marte a 1.645 kilómetros de distancia
Durante nueve jornadas consecutivas, equipos de ingeniería espacial han sometido en el paraje de Las Lomillas a Charlie a diferentes situaciones para comprobar cómo responde y, al mismo tiempo, entrenar a los profesionales que tendrán que dirigir las operaciones de la misión ExoMars.
El experimento tiene una particularidad: el rover permanece en Almería, pero las órdenes se diseñan desde el centro de control de Turín, en Italia. Cada jornada, los equipos italianos elaboran una secuencia de tareas y la envían al prototipo. Una vez recibidas las instrucciones, Charlie debe ejecutar los movimientos de forma autónoma. Se trata de una simulación de lo que ocurrirá en Marte.
La distancia entre ambos planetas hará imposible controlar el rover como si fuera un vehículo teledirigido convencional por lo que la misión tendrá que anticipar buena parte de sus operaciones. Una vez en Marte, el futuro Rosalind Franklin contará además con el Trace Gas Orbiter, un satélite europeo que actuará como enlace de comunicaciones entre el rover y las estaciones terrestres.
Un rover que avanza a paso lento
Charlie se mueve a una velocidad aproximada de un centímetro por segundo. Sus seis ruedas pueden funcionar de manera independiente para adaptarse a un terreno irregular, una capacidad fundamental para desplazarse por la accidentada superficie marciana.
Su actividad tampoco será continua, las operaciones se organizarán en periodos conocidos como 'sol', equivalentes a un día marciano. De modo que la ventana de trabajo será limitada y estará condicionada por la necesidad de activar y posteriormente apagar los sistemas del vehículo, que utiliza energía solar.
El prototipo también incorpora diferentes instrumentos para reproducir las capacidades del futuro explorador, entre ellos cámaras situadas en su mástil que permiten obtener información tridimensional del entorno. Durante los ensayos, los técnicos han tenido además que supervisar y mantener la máquina sobre el terreno.
El verdadero objetivo: buscar vida bajo la superficie
Charlie no viajará a Marte. Su función es servir como banco de pruebas para perfeccionar las operaciones que realizará Rosalind Franklin, el rover de la misión ExoMars de 200 kilos encargado de perforar el suelo marciano hasta alcanzar aproximadamente dos metros de profundidad y analizar las muestras obtenidas en un laboratorio instalado a bordo.
La profundidad es una de las claves de la misión. El subsuelo ofrece mayor protección frente a la radiación que castiga la superficie de Marte, por lo que los científicos consideran que allí podrían conservarse mejor determinados materiales orgánicos.
El objetivo final de la misión será estudiar si Marte pudo albergar vida en algún momento de su historia y buscar posibles evidencias que hayan quedado preservadas bajo su superficie.
De los escenarios de cine al laboratorio espacial
La campaña de pruebas en Tabernas ha concluido después de nueve días de simulaciones sin averías graves y con un balance positivo por parte de los equipos responsables, demostrando que los paisajes del desierto almeriense pueden servir para recrear mundos muy diferentes. Si durante décadas sus llanuras y montañas fueron utilizadas para representar el lejano Oeste y otros escenarios cinematográficos, ahora Tabernas se convierte en una pequeña representación de Marte.
A miles de kilómetros de allí, los equipos de la misión ExoMars continúan preparando un viaje cuyo verdadero destino no es solo otro planeta, sino una de las preguntas que más ha intrigado a la humanidad: sí alguna vez hubo vida más allá de la Tierra.