Mariano Rajoy ha hecho campaña a pie de calle. Se ha parado en corrillos, ha entrado en comercios, fotos, besos, apretones de manos y siempre rodeado de gente. Porque esa fue la voluntad de Rajoy desde el principio, hacer una campaña cercana y pegada a la calle. Así que a veces nos ha costado encontrarlo entre tanto admirador. El propio Partido Popular animaba ayer a todo el que quisiera a hacerse selfies con Mariano Rajoy y subirlos a las redes. Por eso, tan normal estos días ha sido ver al presidente tomarse un culín de sidra en Cangas como unos vinos en Logroño. Y cuando le ha tocado descansar, lo ha hecho jugando al dominó en Olmedo o tomándose un chocolate en plana calle por Málaga. La idea parece haber funcionado, porque el resto de candidatos se han dejado ver por calles, plazas, mercados y universidades. A la campaña aún le quedan unas horas y Rajoy ya lo ha dicho: a pesar de lo de ayer, él no piensa dejar de hacerlo.